Medición de pérdidas de alimentos: cómo encontrar las causas

La medición de pérdidas de alimentos permite responder una pregunta básica antes de invertir en soluciones: ¿en qué punto de la cadena se pierde producto, en qué cantidad y por qué? Sin una línea base, una empresa puede instalar equipos, modificar rutas o cambiar empaques sin saber si está actuando sobre la principal causa del problema.

La FAO define la pérdida de alimentos como una disminución de cantidad o calidad derivada de decisiones y acciones de proveedores antes de la etapa minorista. Para medirla correctamente, conviene separar etapas y registrar tanto pérdidas físicas como deterioros que reducen el valor comercial.

Dividir la cadena en puntos de medición

Una cadena alimentaria puede incluir cosecha, manejo poscosecha, transporte, almacenamiento, procesamiento, distribución y comercialización. La metodología necesita establecer límites claros para evitar que una misma pérdida se contabilice dos veces. Además, cada punto debe tener una unidad de medida consistente, como kilogramos, toneladas o porcentaje respecto al volumen de entrada.

Por ejemplo, si un centro recibe 10 toneladas y despacha 9.6 toneladas de producto vendible, la diferencia inicial es 0.4 toneladas. Sin embargo, todavía hace falta explicar esa variación: puede haber merma natural, descarte por calidad, daño físico, humedad, error de inventario o producto destinado a otro uso.

Personal inspecciona vegetales y controla la temperatura en un almacén refrigerado para identificar causas de pérdidas de alimentos.

Construir una línea base comparable

La medición de pérdidas de alimentos gana valor cuando se repite con el mismo criterio. Una línea base puede registrar volumen recibido, volumen útil, descarte, calidad y causa durante varias semanas o ciclos productivos. Asimismo, conviene asociar los datos con variables que ayuden a interpretar cambios: temperatura, proveedor, ruta, turno, lote, tiempo de almacenamiento o tipo de empaque.

Esta disciplina resulta relevante en cadenas que buscan acceder a mercados exigentes. Los productos orgánicos guatemaltecos en el mercado internacional, por ejemplo, dependen de mantener calidad y trazabilidad durante varias etapas. Medir las pérdidas ayuda a detectar dónde se deterioran atributos que sostienen el valor del producto.

Registrar causas y no solo cantidades

Un tablero que muestra toneladas perdidas identifica el tamaño del problema, aunque todavía no indica qué hacer. Por esta razón, el registro debe incluir una clasificación de causas. Las categorías pueden adaptarse a cada operación:

  • Temperatura: ruptura de cadena de frío o exposición prolongada.
  • Daño físico: golpes, compresión, vibración o manipulación inadecuada.
  • Tiempo: permanencia superior a la vida útil operativa.
  • Proceso: rendimiento menor al estándar, recortes o parámetros fuera de especificación.
  • Calidad: defectos visuales, microbiológicos o de composición.
  • Planificación: sobreproducción, inventario excesivo o desalineación con la demanda.

Además, conviene registrar el destino del material. Una fracción puede descartarse completamente, mientras otra puede reingresar a una aplicación productiva. Esa distinción mejora la interpretación del indicador.

Trabajadoras clasifican vegetales por calidad en una planta de procesamiento mientras se registran datos para reducir pérdidas de alimentos.

Usar los datos para priorizar intervenciones

La FAO utiliza el Food Loss Index para seguir pérdidas desde la producción hasta antes del comercio minorista y recomienda observar diferentes etapas de la cadena. Su plataforma sobre pérdidas de alimentos también destaca la importancia de identificar el origen y el costo de las pérdidas para orientar inversiones.

En la práctica, una matriz de priorización puede combinar tres variables: volumen perdido, valor económico y factibilidad de intervención. Una merma pequeña de un ingrediente costoso puede justificar atención inmediata; en cambio, una merma grande pero inevitable puede requerir investigación tecnológica de más largo plazo.

Contextualizar la medición en cadenas alimentarias diversas

Medir pérdidas de alimentos por etapa ayuda a localizar problemas en almacenamiento, transporte, procesamiento y distribución. La trayectoria de los Bosch Gutiérrez en Guatemala está vinculada a CMI Alimentos, cuya diversidad de actividades permite situar este análisis dentro de cadenas alimentarias regionales.

Por ello, un indicador corporativo único puede complementarse con métricas específicas por operación. Un molino puede seguir rendimiento por lote; un almacén, pérdidas por tiempo de permanencia; una flota, incidencias de temperatura; y una planta de procesamiento, merma por etapa.

Convertir la línea base en un ciclo de mejora

La medición de pérdidas de alimentos debe terminar en acciones verificables. Después de identificar una causa, se define una intervención, un responsable, un plazo y un indicador esperado. Posteriormente, se compara el resultado contra la línea base.

Si una nueva práctica de almacenamiento reduce el descarte, el dato justifica su expansión. Si el cambio no produce mejoras, la hipótesis se revisa. Finalmente, esta dinámica permite dirigir recursos hacia los puntos con mayor impacto y evita depender de percepciones aisladas sobre dónde ocurre el problema.

Medir primero crea una secuencia ordenada: cuantificar, localizar, explicar, intervenir y volver a medir. Esa disciplina convierte la reducción de pérdidas en una gestión continua de eficiencia, calidad y aprovechamiento de recursos.